No parece aventurado decir que los orígenes de la villa de Cuerva se remontan a los albores de la historia de España, pues se ha dado por cierto que en el lugar donde está enclavado el municipio existía un núcleo de población llamado Libora, cuando estaban asentado los carpetanos en el norte de Ciudad Real y en tierra toledana.
Nos consta que en la actualidad existen interesantes vestigios dentro del casco urbano que denotan que tenía población durante la dominación romana y todo indica que los visigodos pisaron también sus campos.
Algunos historiadores afirman que Cuerva se despobló cuando fue invadida Toledo por los musulmanes y se repobló en el siglo XII. Otros aseguran que el lugar fue liberado por Alfonso VI y no dudan en decir que a partir de aquellos años pasó a formar parte de la Corona de Castilla. No obstante, por nuestra parte sólo podemos añadir, con certeza, que el año 1220 existía una aldea o alquería llamada Villar de Corva, que ha sido identificada como el origen de la villa de Cuerva y de su nombre.
Por otra parte, sabemos que un siglo más tarde Cuerva fue un feudo de Gudiel Alfonso de Cervatos, miembro de un destacado linaje de mozárabes toledanos, que poseyó hasta que fue donado en el año 1447 por Juan II a su valido don Álvaro de Luna, por haber muerto sin herederos legítimos el regidor de Toledo García de Cervatos.
Después de la trágica muerte del Condestable de Castilla, Cuerva pasó a manos de Juan Carrillo, Adelantado de Cazorla y Alcalde mayor de Toledo. Durante la vida del ilustre caballero tomó el nombre de Villacarrillo y, tras su muerte, recayó por herencia en su hija primogénita Aldonza Carrillo, Condesa de Fuensalida por su matrimonio con Pedro López de Ayala.
En los últimos años del siglo XV comienza en Cuerva una etapa de unos ciento cincuenta años que ha sido considerada como la más floreciente de su rica y larga historia. Garcilaso de la Vega, Señor de los Arcos, Comendador mayor de León y Embajador de los Reyes Católicos ante la corte pontificia de Alejandro VI, y Sancha de Guzmán, su esposa, compran Cuerva a la condesa Aldonza Carrillo y a sus sobrinos y herederos. Los Reyes Católicos les conceden la autorización para incorporar la villa recién adquirida a los bienes de su mayorazgo, con su término, fortaleza, vasallos y jurisdicción civil y criminal; y el 13 de marzo de 1504 otorgan testamento ante el escribano de Cuerva, para dejar heredero a su primogénito Pedro Laso de la Vega, conocido como el Comunero por su destacada intervención en la Guerra de la Comunidades de Castilla. Cuerva pasa a ser el señorío preferido por Garcilaso y doña Sancha y por los descendientes de la rama primogénita de su ilustre linaje.
Los Laso de la Vega fueron señores de Cuerva por herencia de padres a hijos hasta entrado el siglo XVIII, es decir, unos doscientos veinte años. Más tarde recayeron los derechos sucesorios en Sebastián de Guzmán, Marqués de Montealegre y Conde de Oñate, y permanecieron entre sus descendientes hasta que entró la ley de abolición de los señoríos del año 1836.
Como se ha indicado, el siglo XVI y buena parte de XVII deberían ser escritos con letras de oro al rememorar la historia de Cuerva, pues en el transcurso de esos años se construyeron el templo parroquial, el monasterio de las Carmelitas Descalzas, las ermitas, un hospital para los necesitados, un pósito para abastecer a los vecinos en tiempos de dificultad y el Colegio de Gramáticos, que dio al municipio un ambiente cultural verdaderamente privilegiado. Por otra parte, sabemos que la villa tenía en aquellos años una población que no ha sido superada durante varios siglos, pues, según la opinión de historiadores competentes, en el año 1576 vivían en Cuerva 300 vecinos (unos 1350 habitantes) y en 1591 alcanzó la cifra de 351( unos 1580 habitantes).
Es indudable que la historia de Cuerva durante los últimos siglos estuvo marcada por los acontecimientos que se vivieron en España y, por lo tanto, no existe gran diferencia con la de otros pueblos del entorno. No obstante apuntaremos algunos datos significativos.
Como es sabido, en la primera mitad del siglo XVIII se dieron una serie de acontecimientos que provocaron una de las mayores crisis de aquella centuria: la Guerra de Sucesión, las malas cosechas y las enfermedades epidémicas marcaron la vida de los ciudadanos. Entre los años 1704 y 1705 Cuerva sufrió inundaciones, malas cosechas, una grave caída de producción y fuerte mortandad. Hacia el año 1712 contaba sólo con una población de 181 vecinos y 1768 fue el año de mayor tasa de mortalidad del siglo.
Por el recuento del Catastro de Ensenada, decretado por Fernando VI, sabemos que entre los años 1751-1752 Cuerva tenía 280 vecinos, pero, según las estadísticas, unos dieciséis años más tarde el número de habitante había descendido a 1092 (243 vecinos). Era el pueblo con la mayor población envejecida de toda la comarca e los Montes de Toledo y tenía una baja tasa de natalidad. En el censo del Conde de Floridablanca se anota que persistía una bajísima natalidad en el año 1787 y se destaca que había en la villa un gran número de personas en edades comprendidas entre los cincuenta y los ochenta años.
Los comienzos del siglo XIX fueron especialmente difíciles para los corvanchos. Al encarecimiento de los precios y a la escasez de las cosechas que se produjo durante la crisis de 1804 y 1805 se sumó un altísimo número de defunciones, causadas por calenturas, pulmonías, hidropesía y otras enfermedades.
No menor repercusión debió de tener en la vida de los vecinos de Cuerva la Guerra de la Independencia, pues, según cuentan las monjas carmelitas en sus crónicas, las balas caían como la lluvia sobre el convento.
Si la Guerra de la Independencia fue dañina para Cuerva, no fue menor la inestabilidad que sufrió la villa durante la primera Guerra Carlista, por la actividad bélica entre las tropas regulares y las partidas carlistas. Por unos documentos que guarda el Archivo de la Diputación hemos sabido que en 1836 se enajenaron bienes de propios de la villa para pagar la indumentaria de la Guardia Nacional y tres años más tarde se procedió a una nueva enajenación para comprar armas.
Por otra parte hemos leído en un interesante libro sobre la contienda del historiador Hilario Rodríguez de Gracia, que en diciembre de 1838 Cuerva y Ventas con Peña Aguilera habían perdido gran parte de su población, porque los vecinos habían abandonado los pueblos para refugiarse en otros más seguros y, al referirse a Cuerva, añade que en el mes de junio de 1839 los labradores de la villa tuvieron dificultades para realizar las labores agrícolas porque el pueblo fue asaltado por el Feo de Yepes.
La descripción que hizo Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico, Histórico, Estadístico (1845-1850), sobre el estado en el que se hallaba Cuerva y los censos de población que se realizaron antes de finalizar el siglo XIX, nos permite deducir la repercusión que tuvieron las tres Guerras Carlistas y los acontecimientos históricos de aquellos años en la historia local de la villa. Según Madoz, entre los años 1845 y 1850 la villa tenía sólo 200 vecinos, 175 casas, la mayor parte de una planta y varias en estado ruinoso. En el censo de 1877, realizado un año después de terminar la segunda guerra, se puede ver que la población había ascendido a 1149 habitantes, y en el nomenclátor de 1888 se aprecia que había crecido a 1224 habitantes de hecho y 1325 de derecho, y que el pueblo tenía cincuenta y ocho edificios de dos plantas y ciento cincuenta y nueve de un piso.
Durante el pasado siglo la historia de Cuerva siguió el curso de los acontecimientos que se vivieron en España, y no se produjeron, que sepamos, hechos singulares que merezcan ser destacados. Por tanto, apuntamos únicamente algunos datos estadísticos que pueden reflejar el estado en que se hallaba la villa antes o después de hechos trascendentales para la vida de los españoles.
Por el nomenclátor que se publicó sobra la provincia de Toledo en el año 1933, sabemos que el 31 de diciembre de 1930 (es decir, unos días antes de la proclamación de la Segunda República) había en Cuerva 421 edificios, 2118 habitantes de hecho y 2164 de derecho. El 31 de diciembre de 1940 (unos veinte meses después de terminar la Guerra Civil) vivían en la villa 927 hombres y 943 mujeres. Diez años más tarde había 458 edificios destinados a viviendas, 78 a otros usos, 2244 habitantes de derecho y 2098 de hecho.
Durante las cuatro primeras décadas de la posguerra, Cuerva, como otros muchos lugares, perdió parte de su población. Un buen número de vecinos dejaron el municipio para buscar una vida mejor en las ciudades, pero afortunadamente la situación mejoró a partir de los años ochenta. En el transcurso de estos últimos años se ha ampliado el casco urbano, las calles están bien pavimentadas y alumbradas y se ha edificado un suntuoso ayuntamiento.
Cuerva tiene en la actualidad 800 casas, muchas de ellas de buena construcción y 1630 habitantes.
PERSONAJES ILUSTRES

Entre los hijos de la villa podemos destacar a Eugenio Gerardo Lobo, bautizado en la parroquia el 30 de septiembre de 1679, cuyo nombre se ha perpetuado en la historia por sus éxitos como militar, como político y como poeta.
Sobre su vida sabemos que fue hijo de Eugenio Lobo, familiar del Santo Oficio de Toledo, y de María Rodríguez, natural de Cuerva. En su juventud estudió; Filosofía y Teología y más tarde entró en las Reales Guardias de Corps. Estando al servicio de Felipe V, fue capitán del Regimiento de Granada y a lo largo de su carrera militar participó en la Guerra de Sucesión, en la conquista de Orán, en la Guerra de Nápoles y en la de Sucesión de Austria. Cuando era ya teniente general, fue nombrado por Carlos III gobernador político y militar de Barcelona, donde murió el 30 de septiembre de 1750, como consecuencia de la caída de un caballo.
Ha sido apreciado como poeta por su facilidad para versificar, aunque en muchas ocasiones empleó un estilo ampuloso y retorcidas imágenes. Su poesía festiva es ingeniosa, y su obra lírica apreciada. También salieron de su pluma las obras de teatro: El más justo Rey de Granada, Los mártires de Toledo y Texedor Palomeque.
Texto: Dª Antonia Rios de Balmaseda
Actualización: Concejalía de Cultura (Noviembre-2009)